El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

siempre cuando se encuentran con una perso- na lo suficientemente sabia y prudente para comprender todo el bien y el mal y no despre- ciar ni lo uno ni lo otro. Pero Filemón, hombre sencillo y bondadoso, no tenía muchos secretos que descubrir. Habló a su manera de los acontecimientos de su vida pasada, en cuyo transcurso nunca se había alejado una cuantas leguas de aquel lugar. Como Baucis, su mujer, había vivido desde su juventud en aquella casita, ganando el pan con su trabajo honrado, los dos siempre pobres pero siempre contentos. Dijo que eran excelentes el queso y la manteca que hacía Baucis, y muy sabrosas las verduras que culti- vaba él en el huerto. También dijo que, por lo mucho que se querían, su único deseo era que la muerte no los separase y que anhelaban morir juntos, como habían vivido. Al oír esto el forastero, una sonrisa iluminó su rostro y su expresión se hizo tan suave como grandiosa. -Eres un buen hombre -dijo a Filemón- y tienes

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