El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

más confianza-, ¿cómo te llamas? -Soy bastante vivo, como ves -respondió el via- jero-; así puedes llamarme Azogue; creo que el nombre no me cae mal. -¿Azogue? -repitió Filemón, mirando cara a cara al viajero, por ver si se estaba burlando de él-. Sí que es un nombre raro. Y tu compa- ñero, ¿tiene también uno por el estilo? -Pregunta al trueno y te lo dirá -respondió Azogue misteriosamente-. No hay voz bastan- te fuerte para pronunciarlo. Esta observación, fuese en serio o en broma, habría asustado un tanto a Filemón si al mirar al forastero de más edad no hubiese reparado en la expresión extraordinariamente bondado- sa de su rostro. Sin duda era la figura más grandiosa que había visto nunca. Cuando hablaba, lo hacía con gravedad y de tal modo que Filemón se sentía irresistible- mente impulsado a decirle todo lo que tenía en el corazón. Esto es lo que la gente siente

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