El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
las mismas praderas, y los árboles viejos, y el arroyo que murmura en medio del valle. Ni mi padre ni el padre de mi padre vieron cosa dis- tinta, y sin duda todo seguirá igual cuando el viejo Filemón esté ya muerto y olvidado. -Eso ya no se puede asegurar -observó el fo- rastero, y en su voz había una severidad extra- ordinaria. Movió la cabeza, sacudiendo con el movimiento su cabello negro y rizado-. Puesto que los habitantes de este valle han olvidado los afectos y simpatías de su naturaleza, más valdría que el lago cayese de nuevo sobre sus moradas. El viajero parecía tan serio que Filemón casi se asustó; además, al fruncir él el ceño, el cre- púsculo pareció oscurecer de pronto, y cuando movió la cabeza sonó un trueno en el aire. Pero un momento después, el rostro del viaje- ro volvió a ser tan amable y bondadoso que el anciano olvidó su terror casi por completo. Sin embargo, no pudo menos de pensar que aquel caminante no era un ser vulgar, aunque fuera
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx