El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
por todo un largo día de viaje, ni que estaba descorazonado por el mal trato recibido al final de la jornada. Iba vestido de un modo más bien extraño y tocado con una especie de gorro con alas que sobresalían a los lados. Aunque era una tarde de verano, llevaba capa y se envolvía estrechamente en ella, quizá por- que la ropa que llevaba debajo estaba dema- siado rota. A Filemón le sorprendió también la forma ex- traña de sus zapatos; pero estaba anochecien- do y, como el anciano ya tenía la vista cansa- da, no pudo apreciar bien en qué consistía la rareza. Una cosa le intrigaba sobre todo: el viajero era tan extraordinariamente ligero y activo que parecía como si los pies se le levan- tasen del suelo por sí mismos y tuviese que su- jetarlos a la fuerza. -En mi juventud tenía yo también los pies lige- ros -dijo Filemón al caminante -, pero recuerdo que al llegar la noche solía sentirlos un poco cansados.
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