El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
crecido juncos; los árboles y las colinas habían visto reflejada su imagen en el ancho y pacífi- co espejo. Pero, cuando las aguas bajaron, los hombres cultivaron el suelo y edificaron casas sobre él; de modo que era un terreno fértil y no quedaban más huellas del antiguo lago que un arroyo que iba haciendo curvas por en medio del pueblo y ofreciendo agua a los habi- tantes… Tanto tiempo hacía que el valle era terreno seco que habían nacido en él árboles, habían crecido robustos, se habían muerto de viejos y habían sido sustituidos por otros que ya eran tan altos y majestuosos como los pri- meros. Jamás hubo valle más hermoso ni más fértil. Ver únicamente la abundancia que lo ro- deaba habría tenido que volver a sus habitan- tes buenos y compasivos, dispuestos a demos- trar su gratitud a la Providencia haciendo el bien a sus semejantes. Pero, es triste decirlo, los moradores de aquel hermoso valle no eran dignos de vivir en un lugar al que había sonreído el cielo con tal be- nevolencia. Eran egoístas y duros de corazón,
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