El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

trabajar mucho para vivir. Filemón cultivaba cuidadosamente su huerto, mientras Baucis estaba siempre hilando en su rueca o hacien- do manteca y queso con la leche de su vaca, o arreglando la casa. Su alimento consistía casi siempre en pan, leche y verduras, y algunas veces un poco de miel de su colmena o un ra- cimo de uvas de la parra. Pero eran dos perso- nas de las mejores del mundo, y con alegría se habrían quedado alguna vez sin comer con tal de no negar un pedazo de su pan moreno, una taza de leche recién ordeñada y una cuchara- da de miel al caminante cansado que pasase ante su puerta. Les parecía que tales huéspe- des tenían una especie de santidad y que, por lo tanto, estaban obligados a tratarlos mejor que a sí mismos. La cabaña estaba en un lugar alto a alguna dis- tancia del pueblo, que yacía en un valle hondo de medio kilómetro de ancho. Aquel valle, en tiempos pasados, cuando el mundo era nuevo, probablemente había sido el lecho de un lago. Allí habían vivido peces y en las orillas habían

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