El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

miradas ofendidas en la más radiante de las sonrisas. En cuanto al cuento, yo, que estaba escondido detrás de unas matas, lo pude oír y os lo con- taré en las páginas siguientes. EL CÁNTARO MILAGROSO Una tarde, hace ya mucho tiempo, el anciano Filemón y su mujer, Baucis, también anciana, estaban sentados a la puerta de su cabaña go- zando de la tranquila y hermosa puesta de sol. Habían cenado frugalmente y querían pasar una o dos horas tranquilas antes de acostarse. Hablaban de su huerto, de su vaca, de las abe- jas y de la parra que trepaba por la pared de la choza, y cuyos racimos empezaban ya a poner- se color púrpura. Pero del pueblo cercano lle- gaban hasta ellos gritos de niños y ladridos de perros, que cada vez iban siendo más fuertes; tanto, que Filemón y Baucis apenas podían en- tenderse.

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