El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
costa querían esconderse del sol, geranios sil- vestres y las mil flores blancas del fresal silves- tre… Pero no malgastemos nuestras valiosas pági- nas hablando tontamente de la primavera y de sus flores. Hay algo, me parece, más intere- sante que tratar. Si observáis al grupo de niños, veréis que están todos reunidos en torno a Eustace, que, sentado en un árbol caído, parece estar a punto de empezar un cuento. El caso es que los más jóvenes de la tropa han considerado que hay demasiados pasos para medir la altura de la colina y, por lo tanto, el primo Eus- tace ha decidido dejarlos en este mismo sitio, a mitad de camino, esperando que el grupo de mayores termine la ascensión y vuelva a bus- carlos. Y, como se quejan un poco, porque no les gusta que los dejen atrás, les reparte unas cuantas manzanas que saca del bolsillo y les propone contarles un cuento muy bonito. Con lo cual vuelven a alegrarse y transformar sus
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