El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ron por vez primera. Seguía tan alegre, tan di- vertido, tan de buen humor, tan ligero de pies y de ingenio como antes, y continuaba siendo el favorito de los niños como lo había sido siempre. Esta expedición a la montaña había sido idea suya. Durante todo el camino cuesta arriba había ido animando a los mayores con su alegre voz; y cuando los pequeños se cansaban, los lleva- ba a cuestas por turno. De este modo habían pasado ya los huertos y los prados de la parte baja de la colina, y habían llegado al bosque que trepa hacia la Cumbre Pelada. El mes de mayo había sido esta vez mejor que de costumbre, y era el día más agradable que pudiera desear un corazón de hombre o de niño. Monte arriba, los niños iban encontran- do infinidad de violetas azules, blancas y algu- nas tan doradas como si las hubiese tocado el mismo Midas. Las margaritas blancas cubrían las praderas. En la linde del bosque había cam- panillas rojo pálido, tan modestas que a toda

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