El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

pero aprovecharé la indicación, y no desespe- ro de hacer algo que valga la pena. En el curso de la discusión precedente, los niños, que no entendieron nada, se habían ido quedando dormidos, y ahora los mandaron a la cama. Se oían sus vocecillas soñolientas mientras iban subiendo la escalera y un viento del noroeste rugía ásperamente entre las copas de los árboles y cantaba antífonas en torno a la casa. Eustace Bright se volvió al des- pacho e intentó de nuevo forjar unos cuantos versos pero se quedó dormido entre dos rimas. EL CÁNTARO MILAGROSO LA LADERA DE LA COLINA Introducción a “El cántaro milagroso” ¿Dónde y cómo creéis que volvemos a encon- trar a los niños? No ya en invierno, sino en el alegre mes de mayo. No ya en el cuarto de

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