El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

en que pone usted en un molde clásico cierto pálpito del corazón, cierta pasión o afecto, cierta moralidad divina o humana, lo convierte en algo completamente distinto de lo que era antes. Mi opinión es que los griegos, al tomar posesión de estas leyendas, que eran patrimo- nio inmemorial de la humanidad, y darles una forma de belleza indestructible, es cierto, pero fría y sin corazón, han hecho a todos los siglos siguientes un daño irreparable. -Que tú, sin duda, has nacido para remediar - dijo el señor Pringle echándose a reír-. Está bien; sigue, sigue, pero sigue también mi con- sejo y no imprimas nunca ninguna de tus his- torias enmascaradas. Y, para tu próximo es- fuerzo, ¿por qué no intentas renovar alguna de las leyendas de Apolo? -¡Ah, señor mío! Me lo propone usted como si fuera algo imposible -observó el estudiante después de un momento de reflexión-. Y a decir verdad, a simple vista, la idea de un Apolo gótico parece un tanto descabellada;

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