El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cionada entre los correctos perfiles de la fábu- la griega, que tiende a reducir y dominar lo ex- travagante a fuerza de elegancia? -He descrito al gigante como me ha parecido - respondió Eustace un poco molesto-, y si usted, señor, quiere tomarse la molestia de poner su entendimiento a nivel de esas fábu- las, como es imprescindible si ha de modelar- las de nuevo, verá, sin duda, que un griego an- tiguo no tenía más derecho sobre ellas que un yanqui moderno. Son propiedad común del mundo y de todos los tiempos. Los antiguos poetas las moldea- ron a su gusto y tomaron forma entre sus manos con una plasticidad maravillosa. ¿Por qué no han de tener forma también entre las mías? El señor Pringle no pudo contener una sonrisa. -Y además -continuó Eustace-, en el momento

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