El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

le ocurriese esto a un joven que tantas cosas grandes tenía por hacer y tanta felicidad que gozar en este hermoso mundo. Tanto desconsolaron a Perseo todos estos pensamientos que no tuvo valor para explicar a su madre lo que se había comprometido a hacer. Por consiguiente, cogió su escudo, se ciñó la espada, atravesó la isla y acabó sentán- dose en un lugar solitario; apenas podía conte- ner las lágrimas. Pero, cuando estaba más pensativo y triste, oyó una voz junto a él. -Perseo -dijo la voz-, ¿por qué estás triste? Levantó la cabeza de entre las manos, en las cuales la había escondido, y, ¡oh, asombro!, aunque creía estar completamente solo, vio a su lado a un desconocido. Era un joven de aspecto animoso y extraordi- nariamente despierto, cubierto con una capa, y que llevaba en la cabeza un gorro muy extra- ño y en la mano un bastón trenzado, también

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