El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

convertirían en piedra inanimada y fría! Así es que, como comprenderéis perfectamen- te, la aventura que el malvado rey Polidectes había buscado para el pobre muchacho era peligrosísima. El mismo Perseo, cuando se de- tuvo a pensar, comprendió que tenía pocas probabilidades de salir con éxito y que tenía más posibilidades de convertirse en estatua de piedra que de volver con la cabeza de Medusa con su cabellera de serpientes. Dejando a un lado otras dificultades, había una que habría puesto en un apuro a cualquier hombre de mucha más edad que Perseo. No solo tenía que luchar con un monstruo de alas de oro, escamas de hierro, larguísimos dientes y ga- rras de bronce con serpientes por cabellos, y cortarle la cabeza, sino que mientras estuviese luchando contra él no podría mirar a su enemigo. Porque, si lo miraba, al levantar el brazo para herirle se convertiría en piedra y se quedaría con el brazo en el aire siglos y siglos, hasta que el tiempo, el viento y el agua lo des- truyesen por completo. Y sería bien triste que

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