El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

dolor de espalda. Si de aquí a mil años me da la humorada, puede que venga a relevarte. Eres un hombre muy fuerte, y nunca tendrás mejor ocasión de demostrarlo. La posteridad hablará de ti, te lo aseguro. -¡Me importa un rábano que hable o no hable! -exclamó Hércules con otra sacudida de hom- bros-. Sostén el cielo un instante con la cabe- za, ¿quieres? Voy a hacerme una almohadilla con mi piel de león para apoyar el peso enci- ma. La verdad es que me está despellejando, y me causaría una molestia innecesaria en tan- tos siglos como he de estar aquí. -Eso sí lo haré -dijo el gigante, que no quería mal a Hércules y, si se portaba de tal manera, lo hacía solo por buscar, con demasiado egoís- mo, su propia conveniencia-. Estoy dispuesto a sostener otra vez el cielo, cinco minutos jus- tos; pero cinco minutos nada más, acuérdate bien. No tengo ganas de pasar otros mil años como estos últimos. La variedad es la sal de la vida.

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