El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
prometo dar las zancadas más largas que pueda. Además, no me apetece cargar ahora mismo con el cielo otra vez. Al oír esto Hércules se impacientó e hizo un gran movimiento de hombros. Era durante el crepúsculo, y habríais podido ver caer de su sitio dos o tres estrellas. Todo el mundo, en la Tierra, miró hacia arriba asustado, pensando que el cielo caería inmediatamente después. -¿Qué es esto? -gritó el gigante Atlas riendo estrepitosamente-. En los últimos cinco siglos no he dejado yo caer tantas estrellas. Cuando lleves ahí tanto tiempo como yo, aprenderás a tener calma. -¡Cómo! -gritó Hércules enfurecido-. ¿Te pro- pones hacerme sostener esta carga toda la vida? -Eso lo veremos un día de estos -respondió el gigante-. Y, en todo caso, no debes quejarte si tienes que aguantarla cien años o mil. Mucho más tiempo la he sostenido yo, a pesar del
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