El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
dragón de las cien cabezas que guardaba las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Si ocurría tal desgracia, ¿cómo podría llegar a desembarazarse del cielo? Porque, entre pa- réntesis, ya empezaba su peso a ser un poco molesto para su cabeza y sus hombros. “Compadezco al pobre gigante -pensó Hércu- les-. Si el cielo me pesa tanto en diez minutos, ¡cuánto no le habrá pesado a él en mil años!”. ¡Oh, hijitos…! No tenéis idea de lo que pesaba ese cielo azul que tan aéreo y tenue parece cuando lo miramos. Y hay que tener en cuen- ta, además, el viento impetuoso, las frías y hú- medas nubes y el sol abrasador, todo lo cual contribuía a que Hércules se encontrara incó- modo. Comenzó a temer que el gigante no volviera nunca. Miró atentamente el mundo que tenía debajo y reconoció que se era mucho más feliz siendo pastor al aire de una montaña que estando en su cumbre vertigino- sa y sosteniendo el firmamento con cuerpo y alma. Porque, como comprenderéis, Hércules
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx