El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
hasta qué altura, y, al dar de nuevo en el suelo, era tan grande el golpe que toda la Tie- rra temblaba. Después se echó a reír con tal estruendo que su carcajada repercutió de montaña en montaña, cerca y lejos, como si el gigante y ellas fueran hermanos que se regoci- jaran. Cuando se calmó un poco su alegría, echó a andar por el mar; al primer paso avan- zó diez leguas, con el agua a media pierna; diez leguas del segundo, con el agua a las rodi- llas, y otras diez leguas con el tercero, iba su- mergido hasta cerca de la cintura. Hércules miraba cómo iba avanzando el gigan- te. Realmente era extraordinario ver aquella inmensa forma humana a más de treinta le- guas, medio sumergida en el océano, con su mitad superior tan alta, brumosa y azulada como una montaña lejana. Por fin la forma gigantesca se perdió entera- mente de vista y entonces Hércules se puso a considerar qué haría en el caso de que Atlas se ahogara en el mar o lo matara a dentelladas el
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