El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-; pero, si te pusieras en la cima de esa que está más cerca, tu cabeza quedaría casi a la al- tura de la mía. Pareces un muchacho forzudo. ¿Por qué no tomas mi carga sobre tus hom- bros, mientras yo hago ese recado por ti? Hércules, como recordaréis, era un hombre notablemente vigoroso; y, aunque sostener el cielo requiere una gran fuerza muscular, si había algún mortal a quien pudiera tenerse capaz de semejante hazaña, era él. Sin embar- go, aquello parecía tan difícil que vaciló por primera vez en su vida. -¿Pesa mucho el cielo? -preguntó. -¡Bah! No gran cosa, al principio -respondió el gigante encogiendo los hombros-; pero al cabo de un millar de años se hace un poquito pesa- do. -¿Y cuánto tiempo tardarás en traerme las manzanas de oro? -preguntó el héroe. -¡Oh! Es cosa de un momento -exclamó Atlas-; recorreré doce o quince leguas de cada paso,
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