El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

recía alcanzar la victoria. Yo he discutido algu- nas veces con personas así, pero nunca me he peleado con ninguna. El único medio que en- contró Hércules para poner fin al combate fue levantar a Anteo sosteniéndole con los pies se- parados del suelo y estrujarlo, estrujarlo y es- trujarlo hasta sacar toda la resistencia de su enorme cuerpo. Terminado este asunto, prosiguió Hércules su viaje y llegó a tierras de Egipto, en donde lo tomaron preso; y le habrían quitado la vida de no haber matado al rey del país, lo que le per- mitió escapar. Cruzó luego los desiertos de África y, marchando lo más deprisa que pudo, llegó por fin a la orilla del gran océano. Y allí, a menos que pudiera andar sobre las crestas de las olas, pareció que su viaje tenía que darse por concluido. Nada había delante de él: solo el océano espu- meante, impetuoso e inmenso; pero de pron- to, al mirar al horizonte, vio a mucha distancia algo que no se veía un momento antes. Relu-

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