El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

maza en la punta de un dedo- es muy posible que yo encuentre la manera de convencerlo. Dando las gracias al Viejo del Mar y pidiéndole perdón por haberle estrujado tan rudamente, nuestro héroe emprendió de nuevo la marcha. Le ocurrieron muchas y extrañas aventuras, que valdría muy bien la pena que las escucha- rais si yo tuviera tiempo de narrarlas tan deta- lladamente como merecen. Fue en este viaje, si no me equivoco, donde encontró a aquel prodigioso gigante, dispues- to por la Naturaleza de tan admirable manera que cada vez que caía y tocaba la tierra se hacía diez veces más fuerte que antes de caer. Se llamaba Anteo. Comprenderéis fácilmente que era cosa muy difícil pelear con él, pues, en cuanto se le de- rribaba de un golpe, se levantaba de nuevo más fuerte, más fiero, más diestro para mane- jar sus armas, que si el enemigo lo hubiera de- jado en paz. Así, cuanto más fuerte golpeaba Hércules al gigante con su maza, más lejos pa-

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