El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
lo que necesitaba saber. Tened presente que el Viejo era habitante del mar y correteaba por todas partes, como toda la gente marina. Desde luego, había oído hablar muchas veces de la fama de Hércules, de las hazañas maravi- llosas que realizaba a cada paso y de lo decidi- do que estaba siempre a llevar a término cual- quier cosa que emprendiera. Por tanto, ya no hizo más esfuerzos por escapar, y le dijo al héroe cómo podía encontrar el jardín de las Hespérides, y le advirtió, además, de las mu- chas dificultades que habría de vencer antes de llegar a él. -Tienes que ir por aquí y por allá -dijo el Viejo del Mar después de marcar los rumbos- hasta que llegues a la vista de un gigante muy alto que sostiene los cielos sobre sus hombros. Y el gigante, si está de buen humor, te dirá exacta- mente dónde se encuentra el jardín de las Hespérides. -Y si por casualidad el gigante no está de buen humor -observó Hércules balanceando su
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