El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
trepaban sobre un peñasco, volviendo su su- perficie de roca blanda y bella. Una alfombra de hierba verde profusamente mezclada con trébol oloroso cubría el estrecho espacio com- prendido entre la base del peñasco y el mar. ¿Y qué divisó Hércules allí? Pues a un hombre viejo, profundamente dormido. Pero ¿era real y verdaderamente un hombre viejo? A primera vista lo parecía pero, después de un examen detenido, semejaba más bien alguna especie de criatura marina. Sus piernas y brazos tenían escamas como los peces; tenía las manos y los pies membranosos, como los patos, y su luenga barba, de tinte verdoso, más parecía un puñado de algas que una barba ordinaria. ¿No habéis visto nunca un leño que ha sido azotado por las olas mucho tiempo y se ha cubierto enteramente de con- chas y algas, y que al fin, cuando se saca a tie- rra, parece provenir de los más profundos senos del mar? Bueno; pues a aquel hombre anciano lo habríais tomado ni más ni menos que por un leño así. Pero Hércules, en cuanto
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