El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

que sentía haber perdido tanto tiempo con las doncellas, malgastando aliento en el relato de sus aventuras. Esto siempre les ocurre a las personas destinadas a llevar a cabo grandes cosas. Lo que ya han hecho les parece que no vale nada, y lo que se traen entre manos les parece digno de dedicarle esfuerzos, correr peligros e incluso arriesgar la vida. Las personas que pasaban por el bosque se asustaban al verlo derribar los árboles con su gran maza. De un solo golpe se rajaba el tron- co, como herido por un rayo, y las ramas grue- sas caían crujiendo y tronchándose. Apresurando la marcha, sin entretenerse ni mirar hacia atrás, no tardó en oír a lo lejos el rugido del mar. Esto le hizo aumentar la velo- cidad aún más, y pronto llegó a una playa donde las olas, muy grandes, se deshacían sobre la arena dura, formando una larga faja de espuma blanca como la nieve. Sin embargo, en un extremo de la playa había un sitio agra- dable, donde unos cuantos arbustos verdes

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