El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
dar más fuerza a la recomendación-. Y no te asombres de nada que pueda ocurrir. Sujétalo bien, y él te dirá lo que deseas saber. Hércules dio las gracias de nuevo y siguió su camino, mientras las jóvenes volvían a su agra- dable tarea de trenzar guirnaldas de flores. Si- guieron hablando del héroe mucho después de que este se alejara. -Tenemos que coronarle con nuestras más hermosas guirnaldas -dijeron-cuando vuelva por aquí con las tres manzanas de oro, des- pués de haber matado al dragón de las cien cabezas. Mientras tanto, Hércules seguía avanzando, salvando montes y valles y cruzando bosques solitarios. A veces alzaba su maza, y al descar- gar el golpe hacía astillas un poderoso roble. Tenía la imaginación tan poblada por los gi- gantes y monstruos que había pasado la vida combatiendo, que a lo mejor tomaba al robus- to árbol por uno de ellos. Tan ansioso estaba Hércules de dar cima a la empresa acometida
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