El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

de manera que la piel de león quedó casi ente- ramente cubierta de rosas. Cogieron la enorme maza y entretejieron a su alrededor los más brillantes, los más delica- dos, los más olorosos capullos, sin dejar al des- cubierto ni el ancho de un dedo de su leñoso material; parecía un enorme ramo de flores. Finalmente, se cogieron de la mano y danza- ron en torno a él, cantando palabras que, casi sin quererlo, eran poesía y formaban una com- posición coral en honor del ilustre Hércules. Y Hércules se puso contento, como le hubiera ocurrido a cualquier otro héroe, al ver que aquellas hermosas jóvenes ya habían oído ha- blar de los valerosos hechos que tanto trabajo le había costado llevar a cabo, y con tanto peli- gro; pero no estaba aún satisfecho. No podía creer que sus acciones merecieran tanto honor, mientras quedase alguna aventura te- meraria o difícil de emprender. -Queridas doncellas -dijo, cuando se detuvie-

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