El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ble que pensar que se acercaban varias perso- nas. ¡Y era solamente el extraño Gerión, que caminaba con sus seis pies! ¡Seis piernas y un cuerpo gigantesco! Desde luego, sería un monstruo de aspecto sorpren- dente. Y, amiguitos, ¡qué gasto de piel para botas! Cuando el forastero acabó la narración de sus aventuras, miró los atentos rostros de las don- cellas. -Tal vez hayáis oído hablar de mí antes de ahora -dijo modestamente-. Me llamo Hércu- les. -Ya lo habíamos sospechado -replicaron-, por- que la noticia de tus maravillosas hazañas ha corrido por todo el mundo. Ahora ya no es ex- traño que vayas en busca de las manzanas de oro de las Hespérides. Venid, hermanas, y co- ronemos de flores al héroe. Entonces pusieron hermosas guirnaldas sobre su augusta cabeza y sus poderosos hombros,

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