El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Al parecer, el único hombre bueno de aquella desdichada isla de Serifo era el pescador. Cuando Perseo iba por la calle, las gentes le señalaban con el dedo y le hacían muecas de desprecio y le ridiculizaban, levantando la voz cuanto se atrevían. -¡Ay, ay! -exclamaban-. Las serpientes de Medusa lo van a morder desca- radamente. Ahora bien; en aquel tiempo vi- vían tres gorgonas, y eran los monstruos más extraños y terribles que habían existido desde que el mundo es mundo, y después no se ha visto ni se volverá a ver cosa más terrible. La verdad es que no sé con qué nombre de monstruo nombrarlas. Eran tres hermanas, y parece que tenían cierta semejanza remota con las mujeres; pero en realidad eran una te- merosa y dañina especie de dragones. Es real- mente difícil imaginar qué espantosos seres eran las tres hermanas. Porque en vez de ca- bellos, tenía cada una en la cabeza cien ser- pientes enormes, vivas todas, que se retor- cían, se enredaban, se enroscaban, sacando sus lenguas venenosas y ahorquilladas en la

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