El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
rarlo; pero él, un niño de pocos meses, agarró una de las fieras culebras en cada uno de sus puñitos y las estranguló. Cuando era un chiquillo mató a un león enor- me, casi tan grande como aquel cuya piel am- plia y peluda llevaba entonces sobre los hom- bros. Lo primero que hizo a continuación fue luchar con una especie de monstruo feísimo, al cual llamaban Hidra, y que tenía nueve ca- bezas nada menos, y con dientes afiladísimos en todas ellas. -Pero el dragón de las Hespérides, ya lo sabes - observó una de las doncellas-, ¡tiene cien cabezas! -Sin embargo -replicó el forastero-, más habría yo querido pelear con dos dragones así que con una sola Hidra; porque en cuanto cortaba una cabeza, nacían otras dos en su lugar y, además, entre las cabezas había una que no era posible matar de ningún modo, y seguía mordiendo tan fieramente como antes mucho
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