El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Nosotras no queremos que te devore el dra- gón de las cien cabezas. El forastero pareció impacientarse con estas advertencias. Levantó negligentemente su po- derosa maza y, al bajarla, dio contra una roca que había allí cerca, medio enterrada en el suelo. Con la fuerza de aquel golpe indolente, la roca saltó hecha pedazos. Tal muestra de fortaleza gigantesca no costó al extranjero más esfuerzo que a una de las doncellas tocar con una flor la sonrosada mejilla de su herma- na. -¿No creéis -dijo mirándolas y sonriendo- que un golpe como este aplastaría una de las cien cabezas del dragón? Se sentó después en la hierba y les contó la historia de su vida, o por lo menos todo lo que de ella podía recordar desde el día en que tuvo por cuna el escudo de bronce de un gue- rrero. Estando echado en él, llegaron, reptan- do por el suelo, dos serpientes enormes que abrieron sus horribles mandíbulas para devo-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx