El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

dragones. Las jóvenes miraron la gran maza y la peluda piel de león que llevaba, y también sus heroi- cos miembros y presencia física, y unas a otras se dijeron en voz baja que el forastero parecía ser persona de quien razonablemente cabía esperar hazañas fuera del alcance de los demás hombres. Pero ¡el dragón de las cien cabezas! ¿Qué mortal, aunque tuviera cien vidas, podría abri- gar esperanza de escapar a los colmillos de se- mejante monstruo? Tan compasivas eran las doncellas que no podían ver con tranquilidad que aquel valiente y bien parecido viajero in- tentara cosa tan arriesgada y se condenara a ser, muy probablemente, pasto de las cien vo- races bocas del dragón. -¡Vuelve atrás -exclamaron todas-, vuelve a tu casa! Tu madre llorará de alegría al verte sano y salvo. ¿Qué más podría hacer si lograras tan gran victoria? No hagas caso de las manzanas de oro. No hagas caso del rey, tu cruel primo.

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