El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
tonces podría tener algún sentido tratar de co- gerlas a pesar del dragón de las cien cabezas. Pero, como os he dicho, era cosa muy corrien- te entre los jóvenes, cuando se cansaban del exceso de paz y descanso, ir en busca del jar- dín de las Hespérides. Y una vez emprendió la aventura un héroe que había disfrutado de poca paz y descanso desde que vino al mundo. En el tiempo de que os voy a hablar, vagaba por la tierra apacible de Italia con una enorme maza en la mano y un arco y una aljaba colga- dos del hombro. Iba envuelto en la piel del león más grande y más fiero de aquellos bos- ques, que él mismo había matado, y aunque en el fondo era bueno, generoso y noble, tenía en su corazón mucho de la fiereza del león. Mientras caminaba, iba constantemente pre- guntando cuál era el camino más directo para llegar al famoso jardín; pero nadie sabía ni pa- labra y muchos se habrían reído de la pregun- ta si el forastero no hubiera llevado una maza tan imponente.
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