El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Tanglewood con el ejercicio de tus facultades de narrador. Siempreviva, como la llaman los pequeños, y los demás niños, han elogiado de tal modo tus cuentos que mi mujer y yo qui- siéramos oír una muestra. Y a mí me agradará especialísimamente, porque parece que tus cuentos son un intento de trasladar las fábulas de la antigüedad clásica al idioma del senti- miento y la fantasía modernos. Al menos, a esa conclusión he llegado por unos cuantos detalles que conozco de oídas. -No es usted precisamente el oyente que yo hubiese elegido, señor -observó el estudiante-, para fantasías de esta naturaleza. -Puede que no -replicó el seño Pringle-. Sospe- cho, sin embargo, que el crítico más útil para un autor joven es precisamente aquel que menos querría elegir. -Creo que la comprensión debe tener influen- cia en la opinión de un crítico -murmuró Eus- tace-. En fin, señor, si usted encuentra pacien- cia, yo encontraré historias que contar. Pero

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