El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
hasta que nos hayas ofrecido algunas de tus tonterías, como tú mismo las llamas muy acer- tadamente. Así que sé bueno y ven. Por muchas objeciones que pusiera, el estu- diante se alegraba muchísimo de aprovechar la oportunidad de demostrar al señor Pringle sus excelentes facultades para modernizar los mitos de los tiempos antiguos. Hasta que cum- ple los veinte años, un joven debe sentir cierta timidez al enseñar su prosa y sus versos; pero, a pesar de toda su timidez, tiene cierta ten- dencia a pensar que, si sus obras fuesen cono- cidas, lo pondrían en la más alta cumbre de la literatura. Por lo cual, sin hacerse de rogar de- masiado, Eustace consintió en que Siemprevi- va y Pimpinela lo arrastrasen al salón. Era una habitación amplia y cómoda, con una ventana semicircular en uno de los extremos, en cuyo hueco había una copia en mármol de El ángel y el niño , de Greenough. A un lado de la chimenea había muchos estantes con libros encuadernados con gravedad pero también
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