El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nunca un rayo de sol con un pedazo de espe- jo? Pues eso parecía el alado regocijo de aque- lla mujercita como un hada en la triste oscuri- dad de la estancia. Voló hacia Epimeteo y puso ligeramente el dedo en el sitio en que el mal le había picado, e inmediatamente cesó el dolor. Luego besó a Pandora en la frente, y también curó el daño. Después de esta buena obra, la alegre desco- nocida revoloteó juguetonamente sobre la ca- beza de los dos niños y los miró tan dulcemen- te que a los dos empezó a parecerles que no era realmente tan malo haber abierto la caja, puesto que, de no hacerlo, su gozosa huésped se habría quedado prisionera para siempre entre aquellos malvados duendes con sus aguijones en la cola. -¿Quién eres, hermosa criatura? -preguntó Pandora. -¡Me llamo Esperanza! -respondió la mujerci- ta-. Y porque soy tan alegre y sé dar tanto ánimo, aunque soy tan pequeña, me encerra-

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