El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

que hagas un poco más. Un mal, añadido al enjambre que has echado a volar por el mundo, no significa nada. -Podías hablarme con mejores modos -mur- muró Pandora limpiándose los ojos. -¡Ah, niño, niño! -exclamó la voz dentro de la caja en tono medio serio, medio de burla-. De sobra sabes tú que estás deseando verme. Ven, Pandora, ven; levanta la tapa. Tengo prisa por consolaros. Déjame que respire un poco el aire libre, y ya veréis que las cosas no son tan tristes como parecen. -Epimeteo -exclamó Pandora-, pase lo que pase, estoy decidida a abrir la caja. -Y, como me parece que la tapa pesa mucho - exclamó Epimeteo corriendo-, te ayudaré. Así, de común acuerdo, los dos niños levanta- ron de nuevo la tapa. Salió volando una ra- diante y sonriente mujercita que revoloteó por toda la habitación arrojando luz por donde- quiera que pasaba. ¿No habéis hecho bailar

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