El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

manos ni hermanas míos los que han salido, como veréis si queréis mirarme. Ven, ven, Pandora mía. Estoy segura de que me dejarás salir. Había una especie de amable hechicería en el tono de la voz, que hacía imposible negar nada de lo que pidiera. El corazón de Pandora in- sensiblemente se había ido aliviando a cada palabra que salía de la caja. También Epime- teo, aunque sin salir de su rincón, se había vuelto un poco y parecía estar de mejor humor que antes. -Querido Epimeteo -exclamó Pandora-, ¿has oído esa vocecita? -Sí, la he oído, sí -respondió Epimeteo con malos modos-. ¿Y qué? -¿Quieres que vuelva a levantar la tapa? -pre- guntó Pandora. -Haz lo que te parezca -dijo Epimeteo-. Ya has hecho tanto daño que a lo mejor lo mismo da

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