El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
dad estaba encerrado en la misteriosa caja que habían entregado a Epimeteo y a Pandora para que la custodiasen cuidadosamente, a fin de que los felices niños del mundo no tuviesen nunca la menor inquietud. Si hubieran cumpli- do fielmente el encargo, todo habría ido bien. Ninguna persona mayor habría estado triste nunca; ninguna niña habría tenido nunca moti- vo para derramar una sola lágrima, desde aquella hora hasta este momento. Pero -y por esto podéis comprender cómo una mala acción de un solo mortal es una calami- dad para el mundo entero-, al haber levantado Pandora la tapa de la caja y al no habérselo impedido Epimeteo, aquellos males se han ins- talado entre nosotros, y me parece que no tie- nen prisa por volver a marcharse. Porque era imposible, como comprenderéis, que los dos niños tuvieran encerrado el feísimo enjambre dentro de su casita. Por el contrario, lo prime- ro que hicieron fue abrir de par en par las ven- tanas, a ver si podían librarse de ellos, y por allí salieron volando los males; y tanto ator-
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