El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

haberlo enterrado vivo. Desde hacía un rato venían oyéndose truenos lejanos, que de repente se hicieron terribles. Pero Pandora, sin oírlos, levantó la tapa y miró dentro de la caja. Le pareció que un enjambre de criaturitas aladas salía volando de ella, y en el mismo instante oyó la voz de Epimeteo que- jándose, como si le doliese algo. -¡Ay, me han picado! -exclamó-. ¡Me han pica- do! Pandora, ¿por qué has abierto esa caja maldita? Pandora soltó la tapa y, volviéndose rápida- mente, quiso ver qué le había sucedido a Epi- meteo. La tormenta había oscurecido de tal modo la habitación que no podía ver bien dónde estaba. Pero oyó un zumbido desagra- dable, como si muchas moscas muy grandes o muchos mosquitos gigantescos volaran a su al- rededor. Y, cuando se le acostumbraron los ojos a la escasa luz, vio multitud de feísimas y diminutas formas con alas de murciélago, que parecían furiosas y armadas de terribles agui-

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