El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

prendía del todo. Porque debéis recordar que en aquel tiempo todo el mundo solía ser cons- tantemente feliz. El mundo aún no había aprendido a ser de otra manera. Ni un solo cuerpo había estado enfermo, ni una sola alma había estado triste, desde que aquellos niños fueron enviados a la hermosa Tierra para divertirse y gozar en ella. Por fin, viendo que algo le ocurría, fuese lo que fuese, dejó de jugar y le pareció lo mejor ir a buscar a Pandora, que por lo menos esta- ba de humor parecido al suyo. Con la esperanza de darle una alegría, cogió unas cuantas flores e hizo con ellas una guir- nalda para ponérsela en la cabeza. Las flores eran muy bonitas, rosas, azucenas, flores de azahar y otras muchas que iban dejando a su paso un rastro de fragancia. La guirnalda esta- ba muy bien hecha, lo mejor que podía salir de las manos de un niño. Los dedos de las niñas, al menos a mí me lo ha

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