El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
déjanos salir! ¡Si vieras qué buenos compañe- ros vamos a ser para ti! ¡Déjanos salir y verás! “¿Qué será? -pensó Pandora-. ¿Habrá algo vivo en la caja? ¡Sea lo que sea, estoy decidida a verlo! ¡Solo una miradita y luego vuelvo a ce- rrarla! ¿Qué mal puede haber en que mire un poquito?”. Pero ya es hora de que sepamos a qué se dedi- caba Epimeteo. Aquella era la primera vez, desde que había llegado su compañera, que había intentado di- vertirse sin su compañía. Pero nada le salía a su gusto, ni era tan feliz como los demás días. No podía encontrar frutas maduras y dulces, y si las encontraba le empalagaban. No había contento para su corazón ni su voz surgía alegre como otras veces, al unirse a la de sus compañeros en sus bulliciosos juegos. En una palabra: estaba tan enfadado y tan dis- gustado que los otros niños no podían com- prender lo que le pasaba. Tampoco él lo com-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx