El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nudo desatado, querrá saber quién lo ha hecho. ¿Cómo voy a hacerle creer que no he mirado lo que hay dentro de la caja?”. Entonces, en su perverso corazoncillo nació la idea de que, puesto que de todos modos había de sospechar que había mirado dentro de la caja, más valía mirar de verdad. ¡Oh, loca y cu- riosa Pandora! Podrías haberte dedicado a hacer lo que tenías que hacer y dejar como es- taba lo que ya habías hecho, y no preocuparte de lo que tu compañero Epimeteo fuera a decir o a pensar. Y así hubiera sucedido, tal vez, si la cara encantada que había en la tapa de la caja no la hubiese mirado de un modo tan incitante y persuasivo, y si no le hubiese parecido oír más claramente que nunca el murmullo de vocecitas dentro. No podía saber si era imaginación suya, pero en sus oídos re- sonaba como un pequeño tumulto de murmu- llos… Acaso era su curiosidad misma la que murmuraba: -¡Déjanos salir, querida Pandora, por favor,

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