El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

“Esta cara parece que me mira con malicia - pensó Pandora-. Quizá se ría porque estoy ha- ciendo una cosa mala. ¡Me dan ganas de echar a correr…!”. Pero precisamente entonces, por casualidad, dio al nudo una vuelta, y el efecto fue maravi- lloso. La cuerda de oro se desató sola, como por arte de magia, y dejó la caja sin cierre de ninguna clase. -¡Qué cosa más extraña! -dijo Pandora-. ¿Qué va a decir Epimeteo? ¿Y cómo me las arreglaré para hacer otra vez el nudo? Intentó una o dos veces volver a atarlo, pero pronto comprendió que no tenía habilidad para tanto. Se había desatado tan repentina- mente que no podía recordar su forma y as- pecto primitivos, parecían escapársele por completo de la memoria. No podía hacer otra cosa que dejar la caja como estaba, hasta que Epimeteo volviese. “Pero -pensó Pandora- cuando se encuentre el

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