El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
pero de eso no estoy completamente seguro. Aquel día del que estamos hablando, su curio- sidad aumentó tanto, tanto, que por fin se acercó a la caja. Casi estaba decidida a abrirla, si podía. ¡Ay, Pandora curiosa! Primero intentó levantarla. Pesaba mucho para las pocas fuerzas de una niña como ella. Levantó uno de los lados unos cuantos centí- metros del suelo y lo soltó de nuevo: la caja dio un buen golpe. Un momento después le pareció que había oído algo dentro. Acercó el oído lo más que pudo y escuchó: ¡sí, sí: dentro se oía una especie de murmullo! ¿Sería el ruido de los oídos de Pandora o el latido de su corazón? La niña no estaba segura del todo de haber oído algo, pero su curiosidad era más fuerte que nunca. Cuando volvió la cabeza, su mirada cayó sobre el nudo de cordón de oro. “Sí que debe de ser persona habilidosa la que ha hecho este nudo -pensó-.
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