El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

guirnalda de belleza única. Pero aquí y allí, asomando tras el esculpido follaje, a Pandora le pareció una o dos veces que veía una cara no tan amable, y alguna otra claramente des- agradable, que deslucían por completo la be- lleza del conjunto. Sin embargo, mirando más de cerca y tocando con la punta del dedo, no encontraba nada. Sin duda, al mirar de lado al- guna cara verdaderamente bonita, le había pa- recido fea. La más bella de todas estaba esculpida en re- lieve, en el centro de la tapa. No había nada más en toda ella; la madera bien pulida y os- cura, y en el centro aquella cara, con una guir- nalda de flores en la frente. Pandora había mi- rado aquella cara muchísimas veces y le pare- cía que podía sonreír o ponerse seria como si estuviera viva. Las facciones, en realidad, te- nían una expresión viva y casi maliciosa, y pa- recía que en algunos momentos quisiera ha- blar, y que los esculpidos labios fuesen a rom- per en palabras.

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