El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-¡Siempre hablando de la dichosa caja! -dijo por fin Epimeteo, que había llegado a cansarse de oír siempre lo mismo-. Me gustaría, queri- da Pandora, hablar de otra cosa. Anda, vamos a coger unos cuantos higos bien maduros y nos los comeremos debajo de un árbol, que ya es hora de merendar. Y también sé dónde hay una viña que tiene las uvas más dulces que has probado nunca. -¡Siempre hablando de uvas y de higos! -dijo Pandora de mal humor. -Bueno, entonces -dijo Epimeteo, que no tenía mal genio, como muchísimos niños de aque- llos tiempos-, vamos a correr y a jugar con nuestros compañeros. -Estoy cansada de tanto juego y no jugaré más -respondió Pandora-. No tengo humor para juegos. ¡Esa caja tan horrible! No puedo dejar de pensar en ella. Me tienes que decir, por fuerza, lo que hay dentro.
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