El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Y lo mejor de todo es que los niños no reñían ni tenían rabietas ni se recordaba, desde que empezó el tiempo, que ninguno se hubiese ido a un rincón refunfuñando. ¡Qué tiempo más bueno para vivir en él! La verdad es que esos horribles y diminutos monstruos con alas que se llaman molestias, y que ahora abundan tanto como los mosquitos, no se habían visto nunca en la Tierra. Y es po- sible que la inquietud más grande que hubiese experimentado un niño fuese la mortificación de Pandora por no poder descubrir el secreto de la caja misteriosa. Esto fue al principio la ligera sombra de una contrariedad; pero cada día se hizo más y más real hasta que, pasado algún tiempo, la casita de Epimeteo fue menos alegre que la de los demás niños. -¿De dónde puede haber venido esa caja? -se decía Pandora a todas horas-. ¿Y qué tendrá dentro?
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