El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
estuviese a cien leguas de aquí! -¡No pienses más en ella! -exclamó Epimeteo-. Vamos fuera, a jugar con los demás niños. Hace miles de años que vivieron Pandora y Epimeteo. Y el mundo ahora es muy diferente de como era en su tiempo. Entonces todo el mundo era niño. No hacían falta padres ni ma- dres para cuidar de las criaturas, pues no había peligros ni males de ninguna clase, no había ropa que coser, y siempre se encontraba de comer y beber en abundancia. Siempre que un niño necesitaba alimento, lo encontraba colgado de algún árbol. Y, si observaba el árbol por la mañana, veía en flor la comida que se le estaba preparando para la noche, y al anoche- cer veía el tierno capullo de su almuerzo del día siguiente. Era una vida muy agradable. No había deberes que hacer ni lecciones que estu- diar; no había más que juegos y danzas, y agradables voces de niños que hablaban o cantaban como pájaros, o saltaban como fuentes de alegre risa todo el largo día.
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