El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

y todos los chiquillos que aún estaban en Tan- glewood se reunieron en torno a Eustace pi- diéndole con afán que contase un cuento. El estudiante bostezó, se desperezó y, después, con gran admiración de la gente menuda, dio tres saltos hacia delante y tres hacia atrás por encima del respaldo de una silla, con el fin, según les explicó, de poner en marcha su inte- ligencia. -Bueno, bueno, chiquillos -dijo después de estos preliminares-, puesto que insistís, y puesto que Siempreviva se empeña, veremos si puedo complaceros. Y, para que sepáis qué días tan felices existieron antes de que se pu- sieran de moda las nevadas, os contaré una historia del más viejo de todos los tiempos, cuando el mundo era tan nuevo como la peon- za nueva de Arándano. Entonces no existía en la Tierra más que una estación: el delicioso ve- rano, y una sola edad para los mortales: la in- fancia. -Nunca he oído hablar de eso -dijo Siemprevi-

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