El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cera, de cartón y chinas, además de unos cuantos bebés de trapo; y muchísimos cubos de construcción, suficientes para levantar el monumento a la batalla de Bunker Hil l , y bolos, pelotas, peonzas, aros, volantes, com- bas y muchísimos más objetos valiosos de los que caben en una página. Pero los niños preferían la nevada a todos los juguetes. ¡Prometía tantas animadas diversio- nes para mañana y para todo lo que quedaba de invierno! Los trineos, las bajadas desde la colina hasta el valle, las estatuas de nieve que había que esculpir, las fortalezas de nieve que había que edificar y la batalla de bolas de nieve que había que celebrar. Los niños bendecían la nevada y se alegraban de ver que caía cada vez más espesa y mira- ban con esperanza el montón que se estaba formando en la avenida, que ya era más alto que el más alto de ellos. -¡Vamos a estar blo- queados hasta la primavera! -exclamaron con el mayor entusiasmo-. ¡Qué lástima que la

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